sábado 23 de enero de 2010

Pero qué buena es la literatura...

Bar sobre Pedro Goyena a eso de las 6.00 de la tarde. Me encuentro con una compañera para repasar entre café con leche y medialunas el parcial. El Facundo.
Y le digo a mi compañera, ya no creo en los talleres literarios. Voy para despuntar el vicio. Para estar con gente que tiene interesas similares. Elevar a categoría estética el paisaje. Me responde mi compañera. Y muerdo una medialuna. El café está aguado. No uso azúcar normalmente pero esta vez le agrego, de otro modo está intomable. Me suena el celular. Mi jefa confirmándome la clase de mañana en Movistar Barracas. Me queda lejos. Si llueve la zona se inunda. Un sorbo de café con leche. ¡Puaj! Nos vamos hacia la 144. Hace frío. El cuatrimestre terminará con un trabajo sobre las lecturas hechas en la segunda parte. Me agrada la idea de escribir un trabajo. Hacemos el parcial. Lo entregamos y nos retiramos, seguramente a cenar y a dormir. Somos chicas buenas. Todo esto pasa en mi cabeza. Ahora y desde hace casi dos años estoy en Barcelona. Despunto el vicio de otra forma. No hago talleres literarios. Tampoco me anoté en la Universidad de esta ciudad. Me quedaron muchas cosas por terminar. Extraño a algunos profesores. Tengo nostalgia de aquellos días. Pero qué buena es la literatura; a pesar de que yo la abandoné muchas veces, ella nunca me abandonó a mí.